Visión de Estado para los grandes proyectos de infraestructura fue el eje de la Mesa Regional de Patrimonio

Viernes, 30 de Octubre de 2026

Los grandes proyectos de infraestructura patrimonial requieren acuerdos que sobrevivan a los cambios de gobierno. En la Mesa Regional de Patrimonio, el gobernador Óscar Crisóstomo y el subsecretario Emilio de la Cerda situaron el desafío en una perspectiva común: coordinar prioridades, recursos y voluntades más allá de los ciclos políticos.

Los grandes proyectos de infraestructura patrimonial y cultural suelen avanzar a un ritmo distinto del debate político. Exigen estudios, acuerdos, recursos y decisiones que no siempre caben en los plazos de una administración.

Ese fue uno de los principales ejes de la segunda sesión de la Mesa Regional de Patrimonio, presidida por el gobernador Óscar Crisóstomo y que contó con la especial participación del subsecretario del Patrimonio Cultural, Emilio de la Cerda. La conversación sobre el Museo Regional y el Archivo Regional no ocurrió de manera aislada. Se desarrolló junto al análisis de otros proyectos, como el Museo Regional, la Capilla San Juan de Dios y la Iglesia de Los Carmelitas y la recuperación del Cine O’Higgins, y bajo una pregunta de fondo: cómo construir una política patrimonial regional capaz de articular instituciones y mantener prioridades en el tiempo.

El gobernador, quien por ley preside la Mesa Regional de Patrimonio, propuso mirar el inventario patrimonial elaborado por el Ministerio de Obras Públicas como una línea de base para un plan regional. Su planteamiento reconoce que Ñuble necesita una mirada que reúna las distintas expresiones de su patrimonio, “material e inmaterial”, y que permita “fortalecer lo que actualmente tenemos y también recuperar lo que tuvimos”. En esa idea conviven memoria y futuro: el patrimonio no se limita a conservar lo que permanece en pie; también ayuda a decidir qué relatos y espacios queremos transmitir a las próximas generaciones.

La frase que acompañó su intervención resume el alcance territorial de esa tarea. Para el gobernador, reconocer la identidad regional puede conectar a las 21 comunas y convertirla en una fuerza para construir futuro. Ese propósito requiere que el patrimonio se piense como una responsabilidad compartida, con coordinación pública y atención a las diversas realidades de la región, no como una suma de proyectos inconexos.

La intervención del subsecretario puso sobre la mesa una dimensión menos visible, pero decisiva: el tiempo. De la Cerda explicó que un proyecto de infraestructura estatal puede tardar diez años en concretarse; incluso, “cuando uno es muy eficiente”, ocho. La cifra da escala a la dificultad. En ese horizonte, un cambio de gobierno puede interrumpir una iniciativa antes de que sus beneficios lleguen a la ciudadanía.

“Tenemos el desafío grande y la responsabilidad pública de equilibrar las coyunturas políticas, con los tiempos largos del Estado y el impacto a la ciudadanía”, señaló. De ahí su énfasis en dar continuidad a los proyectos “más allá de los ciclos políticos y los gobiernos de turno”. Su planteamiento es también una advertencia: no basta con anunciar una recuperación ni con reunir voluntades una vez. El Estado debe conservar capacidad de coordinación, priorización y seguimiento durante todo el proceso.

En ese sentido, la Mesa Regional de Patrimonio adquiere un valor que excede la reunión de autoridades y especialistas. Su propósito es articular instituciones y contribuir a decisiones descentralizadas sobre la inversión en infraestructura cultural y patrimonial. El subsecretario la definió como un espacio de convergencia y priorización, especialmente relevante cuando los recursos son escasos. La continuidad no depende solo de la voluntad política: necesita instancias capaces de sostener acuerdos, ordenar prioridades y mantener una agenda común.

Para el Cine O’Higgins, esa discusión se conecta con un avance concreto. El jefe de la División de Planificación y Desarrollo del Gobierno Regional, Erick Solo de Zaldívar, presentó el estado del proyecto. Según lo expuesto, este año se alcanzó el hito técnico más importante para su viabilidad: la obtención de la Recomendación Satisfactoria (RS), que valida oficialmente la calidad técnica y económica de la propuesta. Destacó que ese aval permite desbloquear la inversión pública necesaria para la compra del terreno y el inicio del proyecto. La compra, por tanto, aparece como parte de los pasos que la inversión debe hacer posible, no como un hecho ya consumado.

La propuesta contempla la recuperación integral del inmueble de conservación histórica, respetando su valor arquitectónico y manteniendo su uso como sala de cine. A esa función se sumarían un salón de experiencias inmersivas con proyección en 360 grados, una sala de creación de contenido y espacios para la formación cultural y artística. La combinación busca que el edificio conserve su memoria y, a la vez, vuelva a integrarse en la vida urbana, social y educativa de Chillán y de la región.

Ahí se juega una decisión de fondo, comentó Erwin Brevis, coordinador de Patrimonio del Programa Ñuble 250: “Rehabilitar el Cine O’Higgins no significa congelarlo en una imagen del pasado, sino ofrecerle condiciones para seguir siendo significativo. Un espacio patrimonial recuperado puede reunir generaciones, acercar a nuevos públicos a la creación y ampliar las oportunidades culturales. Pero esa promesa solo se cumplirá si la infraestructura se acompaña de programación, gestión y acceso ciudadano sostenidos.”

El subsecretario expresó su satisfacción ante la posibilidad de concretar la recuperación del emblemático edificio de la esquina de las avenidas O’Higgins y Libertad, permite advertir una trayectoria que atraviesa distintos periodos políticos. Esa continuidad es precisamente el desafío que planteó, que una iniciativa de valor público no dependa de quién la propuso primero ni de quién la inaugure, sino de su capacidad de responder a una necesidad ciudadana reconocida a lo largo del tiempo.

La visión de Estado, entonces, no es una consigna abstracta. Se vuelve concreta cuando un proyecto mantiene su propósito, reúne a las instituciones necesarias y avanza con información pública sobre sus etapas, financiamiento y plazos. El Cine O’Higgins tiene hoy un respaldo técnico relevante y una proyección cultural definida; el paso siguiente será sostener el trabajo que convierta esas condiciones en una obra y, después, en un espacio vivo.

Ñuble cuenta con una Mesa Regional, una línea de base patrimonial y una cartera que incluye iniciativas de distinta escala y complejidad. La tarea ahora es darles continuidad y asegurar que sus beneficios alcancen a las comunidades de las 21 comunas.

Participaron en la segunda sesión de la Mesa Regional de Patrimonio el delegado presidencial, Diego Sepúlveda, el Subdirector Nacional de Museos, Alan Trampe, el director del Servicio Regional de Patrimonio (Serpat) , Claudio Martínez, la presidenta de la Comisión de Educación Cultura, Ciencia, Tecnología y Patrimonio del Consejo Regional, consejera María Elena Acuña; la secretaria técnica de Ñuble 250 Camila Flores; el jefe de la División de Planificación y Desarrollo del Gobierno Regional, Erick Solo de Zaldívar; la Directora Regional de Arquitectura del MOP, Sinela Guiñez y profesionales del GORE Ñuble, de la subsecretaría de Desarrollo Regional, del Serpat, de la seremi de Bienes Nacionales y del Serviu.

 

 

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