Presente y futuro de la música en Ñuble juntos en Primer Encuentro Regional de Orquestas Infantiles y Juveniles

Nueve agrupaciones infantiles y juveniles de distintas comunas se reunieron el sábado en la Casa del Deporte de Chillán para un inédito concierto que puso en escena a más de 200 músicos y cerró un programa de tres días que unió a jóvenes intérpretes con músicos profesionales, abriendo nuevos espacios de aprendizaje y colaboración. Directores, familias y estudiantes coincidieron en que la música puede ser encuentro, formación y horizonte de futuro.
En una misma escena convivieron distintas edades, instrumentos y trayectorias. Desde Cobquecura, Quirihue, San Carlos, Chillán y San Ignacio, llegaron niñas, niños y jóvenes para compartir atriles con músicos profesionales. El concierto de clausura del Primer Encuentro Regional de Orquestas Infantiles y Juveniles de Ñuble reunió a 234 intérpretes de diferentes edades en la Casa del Deporte de Chillán y convirtió el trabajo musical en una experiencia colectiva para toda la región.
La actividad contó con el apoyo del Gobierno Regional de Ñuble y su Consejo Regional, en el marco del financiamiento de la programación 2026 de la Orquesta Sinfónica de Ñuble, que contempla actividades gratuitas e inclusivas y un trabajo de vinculación con comunidades de distintas comunas de la región.
Participaron la Orquesta Sinfónica Juvenil Municipal Claudio Arrau León de Chillán; la Orquesta Juvenil de Cobquecura; la del Liceo Carlos Montané Castro de Quirihue; la Orquesta Sinfónica Juvenil del Liceo Polivalente de San Nicolás; la Orquesta Esteban Candia Padilla del Liceo Diego Portales de San Carlos; las orquestas del Liceo Nuestra Señora de la Merced y del Colegio Sagrado Corazón de Jesús, ambas de San Carlos; la Orquesta Municipal Infantil y Juvenil de San Ignacio; la Orquesta Sinfónica Juvenil Regional de Ñuble, de la FOJI, y la Orquesta Sinfónica de Ñuble.
Al frente de las agrupaciones estuvieron Carmen Gloria Mella, Leidy Enríquez, Freddy Ávila, Cristóbal Leiva, Franco Burgos, José Saravia, Ricardo Contreras, Gabriel Rojas, Camilo Tapia y Emmanuele Baldini, director titular de la Orquesta Sinfónica de Ñuble. La diversidad de procedencias y niveles musicales, fue parte central del encuentro: el escenario no solo reunió repertorios, sino también procesos formativos que suelen avanzar en paralelo y con recursos distintos.
El repertorio del concierto cruzó épocas y estilos. Incluyó Finlandia, de Jean Sibelius; el Danzón n.º 2, del mexicano Arturo Márquez; música de las películas Piratas del Caribe, de Klaus Badelt y Hans Zimmer, y Star Wars, de John Williams. Hacia el cierre, tres himnos latinoamericanos de compositores chilenos (“Luchín”, de Víctor Jara; “Run Run se fue pa’l Norte”, de Violeta Parra, y “Todos juntos”, de Los Jaivas) llevaron al escenario una memoria musical compartida.
En esa última interpretación, Emmanuelle Baldini invitó al gobernador regional Óscar Crisóstomo a levantar la batuta y dirigir por unos momentos. El gesto expresó el agradecimiento de la orquesta por el apoyo que, según se señaló durante la actividad, la autoridad ha entregado a la música regional. También dejó una imagen del sentido del concierto: “cuando la música se comparte, la relación entre intérpretes, instituciones y comunidad puede tomar una forma visible”.
Otro momento especial estuvo dedicado a Melodía inconclusa, en homenaje a Jorge Peña Hen, creador de la primera orquesta infantil de Chile y Latinoamérica, en 1964. La obra fue escrita por el músico con un fósforo quemado, poco antes de su asesinato por la Caravana de la Muerte, en 1973. Su interpretación incorporó a la jornada una dimensión histórica, la de una iniciativa musical que abrió caminos para que niñas, niños y jóvenes accedieran a la formación orquestal.
Compromiso con las generaciones futuras
El gobernador Óscar Crisóstomo recordó que la Orquesta Sinfónica de Ñuble nació hace cuatro años con músicos que se habían formado en la FOJI, ya eran profesionales y querían volver a su región. La idea, explicó, no era contar solo con una orquesta para disfrutar de la música, sino también crear un semillero para las nuevas generaciones. “Y este es el mejor ejemplo”, afirmó sobre el encuentro.
El jefe regional destacó que el formato -con artistas profesionales junto a niñas, niños y jóvenes- no es habitual y sostuvo que la experiencia marca un precedente nacional. También agradeció a las familias por acompañar el desarrollo de los talentos de sus hijos. En su intervención, defendió la inversión pública en cultura, arte y patrimonio y manifestó preocupación por el recorte presupuestario de 16% al Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. “En Ñuble, en cambio somos contracíclicos: invertimos más en cultura, más en arte, más en música”, señaló, con énfasis en el apoyo a jóvenes talentos.
El director titular de la Orquesta Sinfónica de Ñuble, Emmanuele Baldini, puso el acento en la continuidad. Los avances logrados en pocos años, dijo, solo tendrán sentido si existe un trabajo constante hacia el futuro. Espera que este encuentro sea el primero de muchos y que la orquesta pueda ser “un faro, una luz, un puerto seguro” para quienes comienzan: un espacio donde crecer y, más adelante, llegar a una orquesta profesional, enseñar o simplemente disfrutar de la música.
Pablo Aranda Rojas, director ejecutivo de la Fundación Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile (FOJI), describió la música como “un lugar de encuentro”: entre jóvenes y talentos, pero también entre comunidades, barrios y familias. El arte, sostuvo, permite reunir a personas de distintas localidades, realidades sociales y personalidades. “El talento necesita estos espacios, necesita mostrarse”, afirmó, antes de subrayar que el arte es una inversión.
Experiencias inolvidables
Para los estudiantes, ese aprendizaje tuvo una dimensión concreta. Montserrat Pino, violinista segunda de la Orquesta Sinfónica Infantil-Juvenil Claudio Arrau León de la Escuela Artística, contó que aprendió nuevas técnicas y pudo observar a músicos de la Sinfónica de Ñuble como referentes para mejorar. Luis Araya, oboísta de la orquesta del Liceo de San Nicolás y de la FOJI de Ñuble, valoró la posibilidad de tocar junto a profesionales: escuchar cómo interpretan, recibir consejos y compartir conversaciones le permitió aprender incluso al estar sentado a su lado. Una charla con una profesora de fagot terminó con una invitación sencilla: “¡Ya pues, aprende!”. Para Araya, fue una experiencia “súper bacán”.
Aylín Salgado, violinista de la Orquesta FOJI de Ñuble, destacó la conexión entre jóvenes que comparten la pasión por la música y la posibilidad de aprender de los integrantes de la Sinfónica. Mateo Ortiz, violinista de la Orquesta Juvenil de Cobquecura, recordó lo extraordinario de reunirse con músicos de toda la región y tocar obras que su agrupación, por falta de instrumentos de viento y percusión, no puede abordar habitualmente. Escuchar el resultado conjunto fue, dijo, una experiencia inolvidable.
El encuentro también se construyó fuera del escenario. Carmen Gloria Mella observó cómo los músicos mayores corregían y apoyaban a los más jóvenes, y valoró la solidaridad entre intérpretes. Los estudiantes compartieron comidas, conversaciones y juegos, pero también volvieron a estudiar cuando una partitura no salía. En esa convivencia, dijo, se hicieron visibles el compromiso y la responsabilidad que exige el trabajo musical.
La familia presente
Las familias acompañaron ese proceso durante años. Karen Torres Acuña, madre de un percusionista que comenzó a tocar a los seis años y hoy, a los veinte, sigue ligado a la música en la Universidad del Bío-Bío, ha estado junto a su hijo durante catorce años. Para ella, aprender, perfeccionarse y compartir con otros músicos y directores son experiencias “impagables”. También destacó que la música ayuda a niñas y niños a crecer, relacionarse, desarrollar su personalidad y disfrutar de la vida. “Hacen falta más actividades como esta”, dijo.
En Pueblo Seco, comuna de San Ignacio, ese trabajo también depende de la organización familiar. María Badilla, presidenta de la Agrupación de Padres de la Orquesta Sinfónica Sociocultural de Pueblo Seco, relató que las familias se agruparon al ver el interés de los niños y la necesidad de reactivar la orquesta municipal. Tras dos años de gestiones, consiguieron que el municipio financiara los sueldos de los monitores; llevan seis meses funcionando y cuentan, además, con un proyecto FNDR 8% del Gobierno Regional.
La jornada mostró así dos escalas de una misma tarea. Por una parte, el aprendizaje individual de quien afina su instrumento y por otra, el esfuerzo institucional y familiar que permite sostener una orquesta en el tiempo. En Ñuble, reunir a más de 200 músicos en un escenario fue también una manera de hacer visible ese trabajo, conectar comunas y abrir una posibilidad compartida donde más jóvenes encuentren en la música un espacio para crecer, crear y proyectarse.